Pintando un mar de colores

ninjas

Un grupo de ninjas lucha encarecidamente. No existe un orden, no alcanzo a averiguar las reglas de esta complicada batalla en la que todos luchan contra todos.

Entre tanto desconcierto soy consciente de un detalle. La banda que usualmente cubre la frente en este tipo de luchadores no ocupa su lugar habitual sino que se dispone más abajo, cubriendo por completo sus ojos.

Ahora empiezo a entender su comportamiento, todos forman parte del mismo equipo, hace un tiempo que el enemigo abandonó la sala pero estos ninjas no se han percatado. La banda de sus ojos les impide ver que se encuentran luchando contra sus propios compañeros.

De repente alguien irrumpe entre tanto caos:

-¡Parad! ¡Descubrid vuestros ojos, la batalla hace tiempo que acabó!

Los ninjas no reaccionan, el desconcierto se hace evidente: ¿De quién es esa voz? ¿De qué está hablando?

Algunos comienzan a llevarse las manos a la cara y sorprendidos, se van despojando de la banda que les cubría los ojos, ninguno era consciente de ella.

– ¿Qué está pasando? ¿Es esto un truco de mal gusto? ¿Quién nos ha traído hasta aquí? ¿Quién ha cubierto nuestros ojos? -pensaban para sí mismos.

Y es que la banda, a pesar de su aparente inocencia, era una de las mayores armas de destrucción conocida desde tiempos ancestrales. Esta banda provoca una peligrosa patología social llamada “ceguera parcial”.  Entre sus principales características destaca la capacidad de aparecer tanto de forma espontánea como provocada, en cualquier momento de la vida, sin previo aviso.

Las personas que consciente o inconscientemente la presentan tienen serias dificultades para contemplar la realidad de forma global, obviando algunas partes importantes de la misma.

Una vez que todos habían descubierto sus ojos, el personaje misterioso prosiguió:

 -¡Despojaos de vuestros kimonos ninjas, hoy no los necesitaréis! ¡Os ordeno que me acompañéis!

Cuando los ninjas entendieron que no existía más opción que la de someterse, se quitaron sus kimonos y se dispusieron a seguirle.

El personaje misterioso les condujo por unos tediosos y oscuros pasadizos hasta llegar a un enorme portón blanco. Todos se detuvieron estupefactos.

¿Qué hacía esa enorme e impoluta puerta allí entre tanta oscuridad y suciedad? ¿Acaso estaban soñando? ¿Sería todo esto un mal sueño provocado por una copiosa cena?

Su gesto, que hasta el momento se había mantenido impasible, esbozó una ligera sonrisa:

-¡Sois libres! Los que no queráis continuar podéis acompañarme hasta la salida, despertaréis en vuestro hogar y no recordaréis nada de lo sucedido.

A los que os preguntéis que hay tras esta puerta, os invito a descubrirlo, os aseguro que no os decepcionará.

-¿Que está pasando? ¿No estábamos retenidos? -pensaron los ninjas.

A pesar del desconcierto, su espíritu luchador les impulsó a seguir, todos decidieron continuar.

Los ninjas dirigieron sus miradas buscando una señal del misterioso personaje para abrir el portón que se elevaba ante sus ojos pero él ya no se encontraba entre ellos. Se había esfumado sin más.

Mientras algunos se frotaban los ojos ante tanta incredulidad, otros se preguntaban si no habían visto esa cara en algún otro lugar, si aquel misterioso ser no estaría más cerca de ellos de lo que en un principio pudieron imaginar.

Sin dar tiempo a mucho más, la puerta comenzó lentamente a abrirse, dejando paso a una luminosidad cegadora a la que debían habituarse para poder contemplar lo que aquella puerta escondía.

Con tanto miedo como curiosidad, la atravesaron y cuando sus ojos estuvieron preparados para ver… vieron.

Era una sala completamente blanca, con una gran cristalera por la que la luz solar penetraba cálida y directa. Podrían ser las 11 de la mañana de aquel extraño 2 de abril.

Un delicioso aroma a nuevo y a café recién hecho inundaba todos los rincones, trasladando a los presentes a un estado de ánimo lleno de paz y tranquilidad. En el centro de la sala había una mesa redonda con 5 sillas.

Los ninjas fueron poco a poco recobrando su visión, percatándose de que en aquella mesa había 5 letreros.

Soy una mamá azul -decía el primer cartel.

Tengo 16 años y estoy dentro del espectro autista -se podía leer en el segundo.

Soy miembro de la Junta Directiva de un movimiento asociativo de familiares de personas con autismo -decía el tercer cartel.

Soy autista -decía el cuarto cartel-.

Tengo autismo no verbal -decía el último cartel.

La emoción contenida comenzó a rodear la sala. Aquellos ninjas alzaron la vista y salieron por primera vez en esta insólita aventura de su mundo interior, para mirar a los ojos de sus compañeros.

Ninguno de los presentes era ya un ninja. El motivo que les había llevado allí empezaba a intuirse. Había algo más grande que sus diferencias formando un lazo de unión entre ellos que no podían pasar por alto.

De forma casi inconsciente cada uno tomó asiento y cuando todos se acomodaron, una voz rompió el silencio que había permanecido intacto hasta el momento y a esta le siguieron un sinfín de titulares.

  • “La marea azul y los esloganes de la iluminación no me representan. Un signo de infinito multicolor refleja mejor la diversidad que existe dentro del espectro”.
  • “Me gustaría que no se tomasen decisiones sobre nosotros sin nosotros, los que vivimos el autismo en primera persona”.
  • “Inclusión no es excluir de las Juntas directivas de los movimientos asociativos a adultos autistas”.
  • “No se respeta ni se acepta a los niños con autismo cuando se emplean terapias conductictas agresivas que intentan camuflarlos dentro del mundo neurotípico”.
  • “No quiero que nadie sea mi voz, quiero que se me escuche”.
  • “Soy autista y me gusta serlo. Me gustaría poder decidir con que términos me refiero a mí mismo”.
  • “Soy mamá de un niño con autismo y cada día me dejo la piel luchando con la burocracia y los colegios. Siento el enorme dolor de ver cómo a veces es juzgado por su condición y como otras veces parece invisible a los ojos de todos. No me digáis que no tengo derecho formar parte de esto”.
  • “No se me da bien hablar en público ni tengo grandes conocimientos científicos. Mi forma de hacer visible el autismo es saliendo a la calle y mostrando el azul”.
  • “Veo las fortalezas de mi hijo pero también veo sus dificultades. No creo justo que se me tache de mala madre si a veces me derrumbo deseando una vida mas fácil para él”.
  • “No me infantilices por ser autista, no al capacitismo”.

Lágrimas por la rabia contenida durante años que no era rabia, sino tristeza y frustración. Lágrimas de alegría al imaginar que su hijo podría ser un día como esos adultos que con voz alta y clara reivindicaban lo que creían justo.

Caras de sorpresa ante el desconocimiento propio sobre temas en los que se creían expertos.

Sonrisas cómplices al descubrir que se puede imponer el entendimiento donde antes había rencor.

Esperanza al ver que el cambio empieza por uno mismo y que éste había empezado a producirse.

Alegría al sentir que cuando cada uno aporta desde su sitio, pueden caminar juntos hacia una meta común.

Desahogo de los que después de tantos años, se sintieron escuchados.

Satisfacción de los que por fin fueron valorados.

Y tantos otros sentimientos que acompañaban aquellas palabras… nadie se guardó nada.

Solo fue la primera reunión de muchas que vendrían y el inicio de grandes cambios que las acompañarían. Ahora que todos caminaban juntos sabían hacia dónde se dirigían.

Mi hijo pequeño reclama mi atención y me devuelve a la realidad, haciendo desaparecer esta recreación mental en la que me había sumergido.

Tras un buen rato de juego vuelvo a mirar las redes sociales. Hoy es día dos de abril y más que nunca la batalla interna continúa disparando mensajes de rabia desde todos los sectores incluso entre miembros del “mismo sector”.

Y yo… que he sido esa adolescente a la que han intentado “ayudar” tratando de convertirla en algo que no es.

Que en tantas ocasiones tengo días no verbales en los que no quiero que nadie decida por mí.

Que experimento cada día la maternidad típica y la atípica.

Que acompaño a mi hija, intentando acercarle un mundo lleno de normas irracionales y de sinsentidos cuando apenas yo puedo entenderlo.

Que tan poco me gusta el capacitismo y el conductismo.

Que me recozco autista, porque soy eso y muchas cosas mas. No me importa que se refieran a mi como autista, o como persona con autismo siempre que no haya connotaciones negativas ni prejuicios asociados al término.

Puedo sentirme todos ellos a la vez y me duele la sensación de tener que posicionarme cuando realmente creo que  podemos sumar fuerzas si nos escuchamos.

Ahora sí entiendo por qué nuestro mensaje no llega a la sociedad. Queda mucho por hacer desde dentro antes de salir a hablar a los de fuera.

No podemos pedir a la sociedad lo que no somos aún capaces de ofrecer.

No podemos silenciar las voces de los protagonistas.

No podemos pedir inclusión mientras excluimos.

No podemos acusar a la sociedad por juzgar desde el desconocimiento cuando desde dentro lo estamos haciendo.

No podemos conseguir que la gente entienda que las personas con autismo tienen una forma diferente de ver y de sentir tan válida como la neurotípica mientras machacamos cada día con actitud capacitista y con terapias agresivas su autoestima, su condición y su persona.

No podemos tratar de silenciar las voces de todos los que no coincidan con nosotros mismos a la hora de hablar de autismo.

Deseo de corazón que todas estas diferencias entre los distintos sectores algun día pasen a ser componentes imprescincibles de un único movimiento donde todas aportan desde su posicion sin pisar la posición ajena y ninguna voz es silenciada.

Esta recreación mental que os he intentado trasmitir seria para mi el perfecto dos de abril que nos acercaría, ahora sí, hacia nuestro objetivo común.

Gracias a Asper Revolution, Al otro lado del espectro, Blanco y negro TEA y a tantos otros que me habéis mostrado una perspectiva que desconocía por completo y que por desgracia es desconocida para muchos.

Con todo el amor para mis mamas azules a las que tanto admiro y a las que en tantas ocasiones puedo entender, incluso cuando no comparto sus opiniones. Dejo el color azul a pesar de ser mi color favorito. Lo dejo porque si no nos representa a todos, no es mi color ni el de mi familia.

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2 comentarios sobre “Pintando un mar de colores

  1. Absolutamente de acuerdo contigo. Y eso pasa dentro del colectivo TEA como en otros. Luchando cada uno hacia un lado, desoyendo la diversidad del propio grupo, la diversidad de la diversidad.
    No puedo decir mucho más. Yo tampoco soy azul, ni naranja, ni morada. Soy multicolor, como mi familia.

    Un abrazo!

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