La esencia de la maternidad atípica

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La maternidad… cóctel de sentimientos que te sumerge en un mundo que nunca imaginaste. Siempre acompañada  de esa dualidad enfrentada de no parecerse en nada a las expectativas con las que tantas veces soñamos y a la vez, plagada de instantes tan intensos que cortan la respiración.
La maternidad es ese huracán que elimina de mi cabeza la imagen de madre todopoderosa que había creado durante el embarazo para hacerme sentir en tantas ocasiones pequeña y débil.
La maternidad es esa pesa que me hace bajar de la nube  para enseñarme que ni leyendo todos los libros del mundo sobre crianza, ni escuchando a los mejores profesionales de todos los ámbitos que implica la crianza, ni siquiera si pudiera volver  atrás sobre mis propios pasos y mis hijos volvieran a nacer, tendría en mi poder todas las respuestas y volvería a equivocarme millones de veces.


La maternidad es la responsabilidad de acompañar a mis hijos en el difícil camino de crecer en libertad desde la consciencia, para que desde allí, sean capaces de desplegar todo su potencial.
La maternidad son esas enormes orejas para escuchar, y ese gran baúl que trata de dar cabida y acogimiento a las necesidades de mis hijos que no solo son particulares e individuales, sino que además son cambiantes a lo largo de su vida, y casi siempre, diferentes a las mías.
La maternidad es ese proceso en el que descubro que antes poder acompañar a mis hijos, he de trabajar en mí misma y reconstruirme para finalmente lograr abrirme, escuchar y recibir.
La maternidad es un proceso de liberación personal de cuya mano descubro todo el lastre que me ha ido acompañando a lo largo de los años y sobre el que se sostenía mi vida. Con mis alas recién descubiertas y al fin desplegadas, inicio un vuelo, que a pesar de ser algo torpe, me permite ver a lo lejos el destino hacia el que me quiero dirigir.
La maternidad es esa dieta que me detoxifica de de la sociedad, de lo superfluo, de lo irreal, devolviendome la cordura que algún día tuve cuando era una niña.
La maternidad es ese agujero negro capaz de tragarse esa idea rancia de la maternidad basada en una relación vertical con la que probablemente hayamos crecido muchos.
La maternidad es ese pensamiento recurrente, obsesivo y restringido que me acompaña cada día al despertar repasando constantemente los “objetivos maternales” del día. Es ese deseo que me carga de energía, dispuesta a darlo todo para conseguir el título a “la mejor madre” y también es esa losa que me cae encima al llegar la noche, recordándome que he quedado muy lejos de las expectativas iniciales.
La maternidad es esa inquietud  que me hace perder el sueño buscando la forma de reconducir aquellas situaciones que creo no haber manejado de la forma más constructiva y enriquecedora.
La maternidad es esa gran maestra que me enseña a estar a la altura de mis hijos. A agacharme hasta que mis ojos y los suyos se alinean, a escuchar antes de hablar dejando de emitir juicios con información sesgada, a ponerme en su lugar y a darles el tiempo necesario para que puedan encontrar una solución por sí mismos.
La maternidad es esa voz crítica que me obliga a replantear todos los paradigmas que giran en torno a ella y a construir sobre pilares fuertes, estudiados y meditados uno a uno, la relación que deseo mantener con mis hijos.
La maternidad es esa pistola de interrogantes que dispara cada vez que llego a una decisión que no tiene en cuenta a todas las partes, cada vez que la palabra “no” sale de mi boca de forma reiterada, cada vez que la paciencia o la falta de tiempo me impide continuar por la vía del diálogo y cada vez que en lugar de negociar hago uso del “tenemos que…” cuando en realidad existen otras alternativas.
La maternidad es ese afán de hacer listas y enumeraciones ya sean mentales o en soporte físico, con el fin de recurrir a ellas cuando necesito ordenar mi cabeza y recordar hacia donde me quiero dirigir en los momentos en los que empiezo a dar vueltas en círculo, perdida.
Y conforme voy escribiendo voy organizando mis ideas y ahora sí, puedo responder: ¿Qué es para ti la esencia de la maternidad? Para mí, la esencia de la maternidad es esa lista de pilares fundamentales que guardo bajo llave y en caja fuerte sobre los que trato día a día de ir construyendo la forma en la que me relaciono con mis dos hijos.
Llegados a este punto hay algo que me gustaría decir, perdonadme caer en la redundancia: la forma en la que acompaño a mi hija con neurotipo autista en nuestro día a día, debe como requisito incuestionable, ser compatible con los pilares sobre los que nos sostenemos.
En los casos de pequeños neurodiversos y especialmente en la neurodivergencia autista, en la que la pérdida de autoestima y la aparición de comorbilidades como la ansiedad y la depresión se manifiestan con una frecuencia muy alta en adolescentes y adultos, creo injustificable la vulneración de lo que considero derechos fundamentales en favor de cualquier tipo de técnica, terapia, medida conductista, correctiva o como se le quiera llamar, que prometa un supuesto e indemostrable beneficio futuro para el niño si puede favorecer los riesgos antes citados.
En ningún caso, cuando se trata de nuestros hijos, el fin debe justificar los métodos empleados, ni el alcance de objetivos es justificable a cualquier precio.

Luchar para que los niños autistas consigan hacer imperceptible su autismo frente a los ojos de la sociedad, además de ser una causa perdida, les destruye como personas.

Todo niño debería poder sentirse orgulloso de sí mismo independientemente de su neurotipo.
Todo niño debería sentir que sus ritmos neurobiológicos son respetados  independientemente de su neurotipo.
Todo niño debería sentirse escuchado independientemente de cuál sea su vía natural de comunicación y su neurotipo.
Todo niño debería poder contar con alguien que le sostenga mientras encuentra la forma de poner orden en un cóctel explosivo de sentimientos independientemente de su neurotipo.
Todo niño debería sentir que sus gustos e intereses son respetados  independientemente de su neurotipo.
Todo niño debería sentirse querido y aceptado  independientemente de su neurotipo.
Todo niño debería sentir que sus necesidades tienen cabida independientemente de su neurotipo.
Todo niño debería disponer del tiempo suficiente para poder encontrar por sí mismo una solución a sus conflictos  independientemente de su neurotipo.
Todo niño debería sentirse valorado tal y como es  independientemente de su neurotipo.
Todo niño debería tener como objetivo fundamental disfrutar de su infancia y ser feliz independientemente de su neurotipo.
Todo niño debería poder validar su autoestima a través de la mirada de sus padres  independientemente de su neurotipo.
Todo niño debería sentir que su capacidad de autoaprendizaje y sus soluciones son válidas  independientemente de su neurotipo.
Todo niño debería sentir que su visión del mundo es respetada independientemente de su neurotipo.

Quizás hoy, quizás porque hace pocos días fue el Día Universal del Niño, quizás siempre sea un buen momento para repasar algunos aspectos de nuestra maternidad desde una mirada crítica porque la maternidad, como casi todo en la vida es mejorable y replanteable.

Me gusta la maternidad, la maternidad sin apellidos porque su esencia debería ser la misma: el respeto.

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2 comentarios sobre “La esencia de la maternidad atípica

  1. Cuando no, cuando no tu, diciendo aquello que pienso antes que pueda exteriorizarlo.
    Cada parrafo que leo y releo me lleva a lugares insospechados y me invade esa suerte de nostalgia placentera que tanto disfruto.
    La paternidad es algo que nos implosiona, nos desestabiliza y nos vamos armando cómo podemos.
    Siempre recuerdo el día que nos quedamos solos con nuestro hijo, y pensé y ahora que? ese cuestionamiento, a partir de entonces es una constante, pero se aprende, o al menos eso prefiero creer, a vivir sin saber que lo que hacemos es lo correcto.
    Seguramente nos equivocaremos, ya cargó con algunas cruces, pero el respeto a lo que mí hijo es, no se negocia, su sonrisa fue y será el inicio y el final de este camino.
    Un beso

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