Querida Jefa de Docencia:

Has pasado por mi vida tan sólo un instante, no eres para mí más que una pequeña mota de polvo que enturbia un bonito recuerdo. Aún así, no me puedo olvidar de tí. Aún puedo ver esa profunda cicatriz en mi alma que me recuerda que aquello realmente sucedió, así que después de mucho pensar, he decidido que tenía que escribirte.

Tengo que decirte que eres la única persona que hasta la fecha se ha cruzado en la vida de mi pequeña haciéndole daño. Nunca creí que alguien podría ser capaz de perjudicar de esa manera, con prejuicios e intransigencia, a un bebé de apenas 5 meses.

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