Reflejos de cristal

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Y entonces algo capta su atención. Se detiene en seco para observar desde una distancia prudencial que le permite comprender la situación, sin sentirse obligada a participar de ella.

Empieza a dar esos saltitos izquierda-derecha que consiguen derretir mi corazón de amor. Se acerca un poco y vuelve a retroceder. Se queda parada unos segundos, observando. Me resulta muy fácil entrar en su mente e imaginar lo que está pensando.
Poco después, se dirige sonriente y llena de emoción hacia mí:
-Mami quiero que la chica me pinte una mariposa en la cara que vuela con las alas así y así -me dice -.

Le devuelvo la sonrisa y a través del cristal que nos separa la acaricio sin tocarla. Ella me mira con esos enormes ojos buscando mi aprobación. Intento transmitirle ese empuje de seguridad que necesita para enfrentarse a la situación, en esta ocasión no puedo acompañarla físicamente.
-¡Me parece muy buena idea, amor! Si te apetece que la chica te pinte la cara quizás puedas hablar con ella y explicarle.
-Hay que esperar la cola mami -me responde-.
-Sí amor, hay que esperar un poquito hasta que termine de pintar a las demás niñas.
-¡Vale mami!

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Decir adiós y seguir adelante

Tuvimos que decir adiós a nuestro Jardín de Momo, muy a nuestro pesar. Me fui con la sensación de estar en deuda con la escuela porque siento que a lo largo de estos dos años no hemos podido aportar tanto como hemos recibido de ella.

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Cuando cosas “imposibles” suceden

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En estos últimos meses, he sentido como si el tiempo se detuviese para mi, es una sensación difícil de explicar. No sé si se os viene a la mente una de esas escenas de películas en las que se para el tiempo y todo el mundo se detiene, menos un personaje. Pues yo me he sentido así pero al contrario, todos avanzaban y seguían con su vida pero yo me había quedado paralizada.
No sé si os habéis sentido así alguna vez pero a mí no es la primera vez que me pasa.


En fin, a lo que iba. En estos meses mi familia ha vivido momentos importantes, entre ellos la boda de mi hermana. Ella es una persona muy importante en mi vida. Tengo que reconocer que le digo poco todo lo que la quiero y si hablamos de demostrar creo que caigo en números negativos, pero es cierto que la quiero muchísimo.


Hermanita pequeña, gracias por estar ahí siempre. 
Por hacer de hermana mayor tantas veces.
Por no juzgarme nunca y aceptarme tal como soy.
Por conocerme tan bien que a veces sabes que me pasa algo antes casi de que yo misma me dé cuenta.
Por ser mi refugio en tantas ocasiones.
Por seguirme en todos mis juegos y por fascinarte con mis inventos.
Por reírte conmigo y con todas mis excentricidades.
Por no culparme por ser en tantas ocasiones un desastre de hermana.
Por aparecer en mi vida para llenarla de luz y por ser la mejor compañera de infancia que podía haber tenido.
Y lo último por lo que tengo que darte las gracias, es por haberme propuesto hace un año que los niños te acompañasen en el paseo hasta el altar. Pensé que era imposible que pudiera salir bien, que era imposible que cruzase ese pasillo con 200 personas mirándola.
Y es que a veces en la vida, suceden cosas imposibles y Martina, como no sabía que era imposible… simplemente lo hizo.
Porque Martina, si su hermano la acompaña, es capaz de derrotar a brujas y matar dragones. 
Exactamente igual que me sentía yo cuando éramos niñas y mi hermana pequeña me acompañaba.

Mi pequeño hombrecito, consigues cosas muy grandes.

También me gustaría compartir con vosotro@s el discurso que escribí para ellos.

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Eres autista, ¿y me lo dices ahora?

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¿Cómo saber quien soy realmente después de toda una vida huyendo de mí misma? ¿Cómo aceptarme tal y como soy a sabiendas de que eso implica aceptar como mías todas esas dificultades que he intentado negar?

Un elefante que se creía pájaro, que se esforzaba por ser un pájaro como los demás y que por más que se esforzase, no lo conseguía. Un elefante que se esforzaba hasta la extenuación tratando de hacer piruetas que los demás pájaros hacían de forma totalmente espontánea y natural. Y un elefante que ya estaba cansado, muy cansado y ya no quería seguir intentando ser pájaro nunca más.

¿Como recuperar mi verdadera identidad si la he machacado, insultado, renegado de ella y enviado a un rincón tan oscuro y profundo que no se dónde buscarla? ¿Realmente queda algo de mí misma escondido dentro de este personaje secundario y anodino que me he visto obligada a crear para sobrevivir en sociedad? Y la respuesta es sí.
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A mi compañero neurotípico

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Como uno de esos maravillosos paisajes donde mar y montaña están tan cerca que resulta difícil establecer dónde está el límite entre ambos. Tan diversos, tan opuestos, tan diferentes… ¿O tal vez no?
Ambos hermosos al ser observados como espacios individuales. Belleza que se ve multiplicada cuando levantas la vista y tienes el privilegio de observar la grandeza que juntos componen. Y cuando descubres estos paisajes, la idea preconcebida que tenías sobre la necesidad de elegir entre “playa o montaña” se desvanece. No existía tal necesidad.

Mientras muchos dedican su tiempo a poner límites, a marcar diferencias y a encasillar, la naturaleza nos demuestra que formamos parte de un todo. Todo es gradual, los límites no existen. Los límites los dibujamos nosotros para tratar de entender, clasificar y ordenar un mundo tan complejo y diverso que en tantas ocasiones se escapa a nuestro entendimiento.
La gota de lluvia que cae sobre la cumbre se desliza dejándose llevar por la ladera de la montaña. A ella se unen más gotas que finalmente desembocan en el mar y poco después, el agua se evapora y de nuevo se condensa para dar paso a la lluvia. ¿Acaso esta gota se detiene a marcar el límite entre un estado y otro? Se deja llevar, forma parte de un ciclo, de un todo. Es lluvia, es río, es mar y es nube, no puede ser encasillada.

Mar y montaña formando parte de un mismo paisaje. A veces la escalada hasta la cima de la montaña se puede alargar incluso varios días, haciéndote creer que has abandonado la playa. Pero entonces pisas la cima y al asomarte para contemplar esa maravilla de la naturaleza, te das cuenta de que aunque tus pies se apoyen sobre la montaña, sigues estando en el mar.

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Libre para amarte tal y como eres

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Me gusta cuando saltas y agitas tus manitas de alegría, disfrutando al máximo de pequeñas cosas que para los demás pasan desapercibidas, pero sobre todo me encanta estar a tu lado y que quieras compartir tu alegría conmigo.

También me gusta ver la cara de los desconocidos que casualmente pasan cerca de nosotros y ser testigo de cómo su expresión cambia. Primero ese gesto de no entender a qué se debe tu alegría y segundos después esa sonrisa, les has contagiado. Llenemos nuestra vida de pequeños instantes de felicidad, ¡qué importa el motivo!.

Me gusta cuando ríes a carcajadas, en cualquier lugar, en cualquier momento, sin pensar si es adecuado o no. Las emociones fluyen en tu interior, las sientes y las vives, no las planeas ni las manipulas. Tu autenticidad me apasiona, un tesoro en el que pondré todas mis fuerzas para asegurarme de que permanezca intacto.

Me gusta tu sinceridad, la verbal y la no verbal. El mundo está lleno de actores y eres una de esas pocas que caminan por él de cara. Cuando estaba a punto de convertirme en una de ellas, llegaste tú para recordarme quién soy y devolverme mi verdadera identidad.

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Bertín Osborne se disculpa

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Hoy me gustaría compartir con mi gran familia azul unas reflexiones y una petición. A la mayoría os habrá llegado por diferentes medios un video que circula por las redes sociales en el que el presentador Bertín Osborne hace una serie de comentarios extremadamente desafortunados al hablar de las personas que se encuentran dentro del espectro autista. Sin embargo creo que a solo unos pocos nos ha llegado otro vídeo en el que pide sus disculpas más sinceras. Su esposa Fabiola, desde su blog, también pide disculpas por el error cometido por su marido.

Escuchar estas palabras del presentador ha resultado doloroso, no solo por los términos en los que se dirige a las personas que más amamos, sino porque estos comentarios han sido emitidos en un programa de máxima audiencia. Pero también os digo que en su disculpa veo sinceridad y que es consciente del gran error cometido. Realmente creo que fuera de cualquier mala intención, el presentador simplemente habla desde el desconocimiento y que sus palabras son un reflejo del desconocimiento generalizado que existe en nuestra sociedad.

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Distintos planteamientos, el mismo resultado

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El pequeño Guille, siempre sediento de experiencias y emociones por vivir. Para él los modelos teóricos no son suficientes, necesita tocar y sentir para poder entender.
No importa cuántas veces se caiga, incluso en la misma piedra. Si existe una mínima posibilidad de alcanzar su objetivo, lo intentará.
No teme a nada ni nadie salvo a una cosa: a perder una oportunidad para aprender, aunque sea de sus errores. Siempre planeando e inventando actuaciones en las que por la cantidad y la improvisación de las mismas, suele salir con algún golpe que otro y con una idea en su cabeza: “¿Qué ha pasado? ¡Tengo que intentarlo otra vez!”.
Valiente y obstinado, con esa carita de “estoy aquí para comerme el mundo”. El miedo no es rival cuando se plantea un objetivo.

Cómo aprender a decir “¿Y a tí que te importa?”

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Tan solo unas semanas te separan de tu recién estrenada maternidad. Tu carnet de “mamá en prácticas” sigue en vigor y aún así debes enfrentarte a una decisión extremadamente complicada. Nunca fuiste una oveja más del rebaño. Jamás tomarías un camino siguiendo los pasos de otras personas, sin cuestionarte si realmente esa es tu opción. Tu espíritu trasgresor e inconformista te lleva a una espiral de razonamientos y preguntas sin respuesta que debes resolver para poder sentirte en paz contigo misma.
Entonces te planteas si realmente existe algún motivo que justifique que tu hija y tú permanezcáis más de 8 horas al día separadas. Si verdaderamente necesitas todas esas cosas materiales en las que gastas tu salario, pero sobre todo, si tu hija necesita todo eso en lo que inviertes el dinero. Te preguntas si existe para ella algo mejor que la oportunidad de descubrir el mundo de tu mano y más valioso que tu tiempo y dedicación.

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